Necesitamos un plan plurianual que dignifique la profesión médica, mejore las condiciones laborales y acerque nuestras retribuciones a las de los países de nuestro entorno
TOMÁS MERINA – Presidente electo del ICOMEM
No hay que estudiar sociología para comprender que el conflicto que atraviesa la profesión médica no se resolverá en una semana ni en un mes.
Esta semana he acudido a las concentraciones celebradas en los hospitales Gregorio Marañón, La Princesa, Móstoles o el Clínico San Carlos y a pesar del frío y de las limitaciones logísticas, la participación ha sido significativa. El conflicto tiene raíces profundas, por eso el malestar es real y es ampliamente compartido.
En el núcleo del problema se encuentra una decepción creciente, especialmente entre los médicos jóvenes. Tras más de una década de formación exigente y altamente competitiva, las condiciones laborales, la estabilidad y el reconocimiento profesional no están a la altura del esfuerzo invertido. Es razonable fomentar la formación internacional; lo preocupante es que al salir la comparación no sale bien, y la emigración se convierte en una vía real para encontrar un futuro profesional digno. Es fácil darse cuenta de cómo esto es perjudicial para ellos pero más para nuestros ciudadanos.
La medicina vertebra el sistema sanitario. Sin médicos no hay atención primaria, ni hospitales. El vínculo entre los médicos y la sociedad es tan antiguo como la más remota civilización en todos los continentes y culturas. En la sociedad moderna ese vínculo está regulado por los representantes políticos y empresariales.
Y aquí las decisiones políticas tampoco ayudan: el desafío de la Ministra de Sanidad, Mónica García, al firmar acuerdos que afectan directamente a la profesión sin contar con sus representantes es una provocación de tamaño cósmico que alimenta la desconfianza y agrava el conflicto.
Necesitamos un plan plurianual que dignifique la profesión médica, mejore las condiciones laborales y acerque nuestras retribuciones a las de los países de nuestro entorno, por el contrario se seguirán yendo por el sumidero del burnout las mejores promociones de médicos. Las Direcciones Médicas de los centros y hospitales deben tener el reconocimiento y la autoridad de la que hoy carece.
En este contexto, el papel del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid resulta clave. Sin embargo, la crisis institucional que atraviesa el ICOMEM debilita su capacidad de liderazgo en un momento en el que la profesión necesita una representación fuerte, independiente y transparente. Un colegio profesional no puede parecer más preocupado por sus propias controversias internas que por defender con claridad a sus colegiados. Defender la mejor praxis posible, por unos profesionales competentes y respetados para que los ciudadnos tengan una atención del siglo XXI.
Miles de médicos se han movilizado. La estrategia política de “esperar a que escampe” no es una solución. El conflicto es profundo y exige reformas estructurales.
Lo que está en juego no es solo el futuro laboral de los médicos, sino la solidez del sistema sanitario, y la confianza de los ciudadanos en uno de los pilares esenciales del Estado del bienestar.